Una decisión es una resolución o determinación que
se toma respecto a algo. Se conoce como toma de decisiones al proceso que
consiste en realizar una elección entre diversas alternativas.
La toma de decisiones puede aparecer en cualquier
contexto de la vida cotidiana, ya sea a nivel profesional, sentimental,
familiar, etc. El proceso, en esencia, permite resolver los distintos desafíos
a los que se debe enfrentar una persona o una organización.
A la hora de tomar una decisión, entran en juego
diversos factores. En un caso ideal, se apela a la capacidad analítica (también
llamada de razonamiento) para escoger el mejor camino posible; cuando los
resultados son positivos, se produce una evolución, un paso a otro estadio, se
abren las puertas a la solución de conflictos reales y potenciales.
Cualquier toma
de decisiones debería incluir un amplio conocimiento del problema que se
desea superar, ya que solo luego del pertinente análisis es posible
comprenderlo y dar con una solución adecuada.
El ajedrez es uno de los juegos de mesa más
populares a nivel mundial, y basa sus reglas en un sistema de toma de
decisiones cada vez más críticas a medida que avanza la partida. A pesar de su
gran complejidad y de requerir un alto nivel de concentración, paciencia y
elaboración de estrategias por parte de sus participantes, ha sabido atraer a
todo tipo de personas, incluyendo a aquellas que se arrebatan y dejan al rey
expuesto en unas pocas jugadas.
Factores
que debes Tomar en cuenta a la hora de tomar una Decisión
Preocúpate por decidir bien más que por
acertar: es habitual tener un injustificado sentimiento de responsabilidad,
el cual nos lleva a pensar que si hacemos las cosas bien todo saldrá como
estaba previsto. Pero en una decisión concreta podemos haber decidido bien y
obtener malos resultados (y viceversa). El factor suerte también interviene.
Identifica
claramente tus objetivos: si no sabemos dónde vamos,
difícilmente llegaremos. Es fundamental plantearnos ¿qué quiero/necesito
conseguir? Saber dónde vamos nos permite actuar en función de nuestros
objetivos, en vez de reaccionar ante lo que acontece.
Planteamientos
realistas: el marco de referencia condiciona nuestro curso de
acción. Es imprescindible que nuestros planteamientos puedan desarrollarse en
la realidad.
No
te autoengañes, es muy fácil hacerlo: cuando tomamos una
decisión solemos buscar razones que avalan nuestra alternativa y no
consideramos las razones que la cuestionan. Este problema se acrecienta cuando
nos rodeamos de gente que piensa como nosotros, por eso, cuanto más heterogéneo
sea el equipo directivo mejores serán las tomas de decisiones. Es un error que
los directivos se rodeen de personas mediocres que sólo avalan sus decisiones y
no las critican. Además, es habitual resistirnos a aceptar que algo está
saliendo mal y a aceptar las pérdidas. Es curioso cómo además, el valor es
subjetivo: las pérdidas nos afectan más que las ganancias, lo que nos lleva a
correr riesgos muy altos por no aceptar las pérdidas.
Atiende
sólo a la información relevante: esta información es aquella
que reduce la incertidumbre a la hora de tomar una decisión y que su coste es
inferior al beneficio que aporta. Sin embargo, a veces utilizamos otra
información que no es la relevante y nos lleva a tomar malas decisiones.
Reconoce
la incertidumbre y gestiónala: tenemos miedo a la
incertidumbre y no sabemos manejarnos en ella. Por eso, es fundamental
aceptarla, plantear varios escenarios y hacer planes contingentes para cada
escenario. En general, no aceptamos la incertidumbre de los grandes proyectos,
prueba de ello es que el 65% de los procesos de fusión no funciona y la mayoría
de los proyectos emprendedores no tienen éxito, y es que infravaloramos las
consecuencias futuras dando mucho peso al presente.
Sé
creativo y genera alternativas: solemos pensar que la
primera alternativa es la buena, pero no hay ninguna razón para afirmar que
ante un problema ésa sea la mejor. En realidad, a más alternativas, en
principio, mayor calidad de las decisiones. En cambio, si sólo tienes una
alternativa no eliges, sólo decides lo que puedes. Es importante la creatividad
para generar alternativas, pero en ocasiones, se infrautiliza y nosotros mismos
la atrofiamos presionados por una urgencia ficticia. Sólo el 10% de las
decisiones que se toman en una empresa son urgentes, y el 10% de ese porcentaje
de decisiones requiere una actuación inmediata. Otro error habitual es evaluar
al mismo tiempo que generamos las alternativas, algo aún más frecuente cuando
se decide en grupo.
Consecuencias
de las decisiones: juzgamos muchas veces nuestras
decisiones por lo eficaces que son, pero las decisiones tienen otro tipo de
consecuencias. Un ejemplo claro es el de los directivos de Enron, que por ganar
más dinero acabaron en la cárcel. Lo que es definitivo es que podemos decidir
lo que queramos, pero una vez decidido, las consecuencias están determinadas
por la decisión.
Lo
que decidas, ponlo en práctica: a la decisión le tiene
que seguir la acción, ya que ninguna decisión es buena hasta que se aplica. Un
criterio a la hora de tomar una decisión es su aplicabilidad: gastar tiempo en
tomar una decisión puede ser un ejercicio inútil si luego no se va a poder
poner en práctica. Para ello, la voluntad es fundamental y depende de nosotros.
El ejemplo más real es el de la decisión de dejar de fumar o ponerse a dieta.
Pero también es crucial la 'venta de ideas' que hagamos y en la que intervienen
ya terceros. En esta venta es clave saber a quién afecta mi decisión, qué es lo
que necesito de cada una de las terceras partes y saber qué beneficios pueden
obtener de mi decisión para conseguir su apoyo.
Sé
consciente de que no todo es racionalidad: el último punto
nos hace tener en cuenta que también las personas tenemos sentimientos y que
éstos influyen en la toma de decisiones. La cuestión es que la racionalidad
tiene unos límites individuales (la personalidad, la aversión al riesgo, el
querer quedar bien,...) que generan una forma de pensar distorsionada
dependiendo de cada individuo (pesimistas/voluntaristas, los que piensan en que
todo es blanco o negro o los que se dejan llevar por las primeras impresiones,...).
Por eso, en la toma de decisiones tenemos que gestionar estos límites
individuales siendo conscientes de ellos gracias al autoconocimiento.
Un
Líder y la Toma de Decisiones
Los colaboradores esperan de sus líderes que sean
capaces de analizar adecuadamente cada una de las situaciones profesionales que
el día a día proporciona, además de la valentía para aplicar la correcta y
rápida toma de decisiones, sin vacilaciones y asegurándose que estas decisiones
se ejecutaran adecuadamente. Un líder que no toma decisiones o que las pospone
invalida su actuación y provoca desconcierto y desconfianza entre sus
colaboradores.
En muchas ocasiones decisiones no tomadas, mal
tomadas o tomadas desde planteamientos superficiales son el origen de
conflictos que impiden el buen funcionamiento de los equipos y por tanto
retrasan o dificultan la consecución de los resultados de una organización.
La superficialidad entendida como la falta de
disciplina en la toma de decisiones vulnera los principios de la ética y la
justicia; conduce a errores y al conflicto. La profundidad en el abordaje de
una decisión fomenta y desarrolla la responsabilidad individual y del equipo.
Estar siempre en una actitud activa y analítica para buscar los fundamentos y
la lógica en el análisis de cada situación, tanto técnica como humana aumenta
nuestra capacidad para emitir juicios oportunos y acertados. Las actitudes
pasivas o excesivamente prudentes de los directivos generan desmotivación,
desorientación e ineficacia.
La toma de decisiones rápida bajo presión y
disciplinada requiere de una orientación hacia el riesgo, de una memoria bien
entrenada, de capacidad para anticipar el futuro y de control de los impulsos.
Las aptitudes, intereses, habilidades y valores de cada persona influyen en el
tipo de decisiones que toma y el modo en que las toma. Quizás no haya nada más
personal en el mundo de las habilidades profesionales que el proceso de toma
decisiones, pues en él se pone en juego nuestra persona, nuestra historia,
nuestros deseos de futuro y nuestros miedos del pasado. Elementos que
irremediablemente deben combinarse con el conocimiento y asunción de los
principios estratégicos de la compañía.
En la toma de decisiones entran en conjunción los
criterios de la organización y los personales, los profesionales no pueden desligarse
de todo su bagaje personal para adaptarse a los principios de la casa para la
que trabajan, paro ello elegir y formar a las personas sobre las que dejamos
las decisiones de la "marca" es un asunto de crucial interés.
Decisiones
El proceso de toma de decisiones tiene dos
componentes los racionales y los emocionales:
Los
componentes racionales tienen que ver con la capacidad
para organizar y analizar la información.
Los
emocionales son aquellos que dirigen nuestra
atención filtrando e interpretando lo que vemos.
Ambos componentes poseen un valor equivalente,
resulta imposible entenderlos por separado. Una decisión racional y
disciplinada, incluso en situaciones de alto estrés es el resultado de la
combinación equilibrada entre corazón y razón. La razón pone las directrices al
corazón y el corazón activa la razón.
Las emociones son una importante fuente de
información, tanto es así, que sin el componente emocional no seríamos capaces
de tomar decisión alguna, ni tan siquiera aquellas consideradas como de
simplicidad extrema. Porque la persona que no sabe cómo se siente con respecto
a las diversas alternativas que se le presentan, no puede decidir. Toda
decisión se organiza en torno a hechos, alternativas y opciones. Los hechos son
interpretaciones, las alternativas, sueños y las opciones, motivaciones. Tener
bien definido el objetivo significa conocer nuestras metas pero no tanto el
camino para llegar a ellas. Como en una partida de cartas vamos ajustando las
acciones en función de lo que el azar nos trae, siempre siguiendo las reglas
definidas en el juego y buscando el único final posible: ganar.
En los cinco pasos del proceso de toma de decisiones
se entrelazan las emociones y las razones de manera inseparable. Definir la
situación requiere no sólo del análisis pormenorizado de la misma, sino la
interpretación del dónde estamos y del dónde queremos llegar. Las emociones nos
permitirán abrir la mente para buscar de forma rápida y precisa alternativas
nuevas, para valorar sus consecuencias y en la medida en la que nos sentimos
capaces de llevarlas a cabo. Una vez tomada la decisión y elegida la mejor
alternativa, deberemos responsabilizarnos de la decisión y ponerla en práctica.
Además de preocuparnos por evaluar los resultados.
Las
Tres R
Asumir las tres
"R" de la toma de decisiones: Responsabilidad, Renuncia y Riesgo requiere control emocional,
autonomía e iniciativa. Toda decisión supone renunciar a alguna de las
alternativas posibles y en ocasiones incluso de manera irreversible, además de
asumir el riesgo de exponerse dando un paso al frente y significándose,
manifestando el plan maestro que guía nuestra práctica profesional, aceptando
la responsabilidad de las consecuencias derivadas de la propia decisión. En las
organizaciones hay permiso para equivocarse, pero no para no tomar decisiones.
La "miopía mental" de aquellos que
consideran que su función es sumarse a la corriente, suponen una grave carga
para una organización. Cada profesional es una pieza fundamental del plan
estratégico, cada persona con su decisión cotidiana pone en práctica la
estrategia, la visión, la misión y la cultura que hace posible conseguir los
objetivos y hacen de la estrategia un proceso continuo, real y práctico. Por
ello, nuestras decisiones profesionales deben ser disciplinadas basadas en
información cierta y suficiente, tomándose siempre dentro de los parámetros
determinados por la identidad corporativa.
La toma de decisiones laborales comienza en cada
profesional, en la conciencia que tiene del mundo que te rodea y en la
habilidad para descubrir aquello que es verdaderamente importante para él
mismo, para su equipo, para su organización y sus clientes. Y finaliza en el
logro de los resultados y objetivos profesionales y humanos.
Detrás de unos buenos resultados siempre hay una
colección de decisiones oportunas y acertadas tomadas en el momento adecuado.


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