miércoles, 13 de noviembre de 2013

Toma de Decisiones y como interviene en el Liderazgo

Toma de Decisiones

Una decisión es una resolución o determinación que se toma respecto a algo. Se conoce como toma de decisiones al proceso que consiste en realizar una elección entre diversas alternativas.
La toma de decisiones puede aparecer en cualquier contexto de la vida cotidiana, ya sea a nivel profesional, sentimental, familiar, etc. El proceso, en esencia, permite resolver los distintos desafíos a los que se debe enfrentar una persona o una organización.
A la hora de tomar una decisión, entran en juego diversos factores. En un caso ideal, se apela a la capacidad analítica (también llamada de razonamiento) para escoger el mejor camino posible; cuando los resultados son positivos, se produce una evolución, un paso a otro estadio, se abren las puertas a la solución de conflictos reales y potenciales.
Cualquier toma de decisiones debería incluir un amplio conocimiento del problema que se desea superar, ya que solo luego del pertinente análisis es posible comprenderlo y dar con una solución adecuada.
  
El ajedrez es uno de los juegos de mesa más populares a nivel mundial, y basa sus reglas en un sistema de toma de decisiones cada vez más críticas a medida que avanza la partida. A pesar de su gran complejidad y de requerir un alto nivel de concentración, paciencia y elaboración de estrategias por parte de sus participantes, ha sabido atraer a todo tipo de personas, incluyendo a aquellas que se arrebatan y dejan al rey expuesto en unas pocas jugadas.

Factores que debes Tomar en cuenta a la hora de tomar una Decisión

 Preocúpate por decidir bien más que por acertar: es habitual tener un injustificado sentimiento de responsabilidad, el cual nos lleva a pensar que si hacemos las cosas bien todo saldrá como estaba previsto. Pero en una decisión concreta podemos haber decidido bien y obtener malos resultados (y viceversa). El factor suerte también interviene.

Identifica claramente tus objetivos: si no sabemos dónde vamos, difícilmente llegaremos. Es fundamental plantearnos ¿qué quiero/necesito conseguir? Saber dónde vamos nos permite actuar en función de nuestros objetivos, en vez de reaccionar ante lo que acontece.

Planteamientos realistas: el marco de referencia condiciona nuestro curso de acción. Es imprescindible que nuestros planteamientos puedan desarrollarse en la realidad.

No te autoengañes, es muy fácil hacerlo: cuando tomamos una decisión solemos buscar razones que avalan nuestra alternativa y no consideramos las razones que la cuestionan. Este problema se acrecienta cuando nos rodeamos de gente que piensa como nosotros, por eso, cuanto más heterogéneo sea el equipo directivo mejores serán las tomas de decisiones. Es un error que los directivos se rodeen de personas mediocres que sólo avalan sus decisiones y no las critican. Además, es habitual resistirnos a aceptar que algo está saliendo mal y a aceptar las pérdidas. Es curioso cómo además, el valor es subjetivo: las pérdidas nos afectan más que las ganancias, lo que nos lleva a correr riesgos muy altos por no aceptar las pérdidas.

Atiende sólo a la información relevante: esta información es aquella que reduce la incertidumbre a la hora de tomar una decisión y que su coste es inferior al beneficio que aporta. Sin embargo, a veces utilizamos otra información que no es la relevante y nos lleva a tomar malas decisiones.

Reconoce la incertidumbre y gestiónala: tenemos miedo a la incertidumbre y no sabemos manejarnos en ella. Por eso, es fundamental aceptarla, plantear varios escenarios y hacer planes contingentes para cada escenario. En general, no aceptamos la incertidumbre de los grandes proyectos, prueba de ello es que el 65% de los procesos de fusión no funciona y la mayoría de los proyectos emprendedores no tienen éxito, y es que infravaloramos las consecuencias futuras dando mucho peso al presente.

Sé creativo y genera alternativas: solemos pensar que la primera alternativa es la buena, pero no hay ninguna razón para afirmar que ante un problema ésa sea la mejor. En realidad, a más alternativas, en principio, mayor calidad de las decisiones. En cambio, si sólo tienes una alternativa no eliges, sólo decides lo que puedes. Es importante la creatividad para generar alternativas, pero en ocasiones, se infrautiliza y nosotros mismos la atrofiamos presionados por una urgencia ficticia. Sólo el 10% de las decisiones que se toman en una empresa son urgentes, y el 10% de ese porcentaje de decisiones requiere una actuación inmediata. Otro error habitual es evaluar al mismo tiempo que generamos las alternativas, algo aún más frecuente cuando se decide en grupo.

Consecuencias de las decisiones: juzgamos muchas veces nuestras decisiones por lo eficaces que son, pero las decisiones tienen otro tipo de consecuencias. Un ejemplo claro es el de los directivos de Enron, que por ganar más dinero acabaron en la cárcel. Lo que es definitivo es que podemos decidir lo que queramos, pero una vez decidido, las consecuencias están determinadas por la decisión.

Lo que decidas, ponlo en práctica: a la decisión le tiene que seguir la acción, ya que ninguna decisión es buena hasta que se aplica. Un criterio a la hora de tomar una decisión es su aplicabilidad: gastar tiempo en tomar una decisión puede ser un ejercicio inútil si luego no se va a poder poner en práctica. Para ello, la voluntad es fundamental y depende de nosotros. El ejemplo más real es el de la decisión de dejar de fumar o ponerse a dieta. Pero también es crucial la 'venta de ideas' que hagamos y en la que intervienen ya terceros. En esta venta es clave saber a quién afecta mi decisión, qué es lo que necesito de cada una de las terceras partes y saber qué beneficios pueden obtener de mi decisión para conseguir su apoyo.

Sé consciente de que no todo es racionalidad: el último punto nos hace tener en cuenta que también las personas tenemos sentimientos y que éstos influyen en la toma de decisiones. La cuestión es que la racionalidad tiene unos límites individuales (la personalidad, la aversión al riesgo, el querer quedar bien,...) que generan una forma de pensar distorsionada dependiendo de cada individuo (pesimistas/voluntaristas, los que piensan en que todo es blanco o negro o los que se dejan llevar por las primeras impresiones,...). Por eso, en la toma de decisiones tenemos que gestionar estos límites individuales siendo conscientes de ellos gracias al autoconocimiento.

Un Líder y la Toma de Decisiones

Los colaboradores esperan de sus líderes que sean capaces de analizar adecuadamente cada una de las situaciones profesionales que el día a día proporciona, además de la valentía para aplicar la correcta y rápida toma de decisiones, sin vacilaciones y asegurándose que estas decisiones se ejecutaran adecuadamente. Un líder que no toma decisiones o que las pospone invalida su actuación y provoca desconcierto y desconfianza entre sus colaboradores.

En muchas ocasiones decisiones no tomadas, mal tomadas o tomadas desde planteamientos superficiales son el origen de conflictos que impiden el buen funcionamiento de los equipos y por tanto retrasan o dificultan la consecución de los resultados de una organización.

La superficialidad entendida como la falta de disciplina en la toma de decisiones vulnera los principios de la ética y la justicia; conduce a errores y al conflicto. La profundidad en el abordaje de una decisión fomenta y desarrolla la responsabilidad individual y del equipo. Estar siempre en una actitud activa y analítica para buscar los fundamentos y la lógica en el análisis de cada situación, tanto técnica como humana aumenta nuestra capacidad para emitir juicios oportunos y acertados. Las actitudes pasivas o excesivamente prudentes de los directivos generan desmotivación, desorientación e ineficacia.

La toma de decisiones rápida bajo presión y disciplinada requiere de una orientación hacia el riesgo, de una memoria bien entrenada, de capacidad para anticipar el futuro y de control de los impulsos. Las aptitudes, intereses, habilidades y valores de cada persona influyen en el tipo de decisiones que toma y el modo en que las toma. Quizás no haya nada más personal en el mundo de las habilidades profesionales que el proceso de toma decisiones, pues en él se pone en juego nuestra persona, nuestra historia, nuestros deseos de futuro y nuestros miedos del pasado. Elementos que irremediablemente deben combinarse con el conocimiento y asunción de los principios estratégicos de la compañía.

En la toma de decisiones entran en conjunción los criterios de la organización y los personales, los profesionales no pueden desligarse de todo su bagaje personal para adaptarse a los principios de la casa para la que trabajan, paro ello elegir y formar a las personas sobre las que dejamos las decisiones de la "marca" es un asunto de crucial interés.

Decisiones
El proceso de toma de decisiones tiene dos componentes los racionales y los emocionales:
Los componentes racionales tienen que ver con la capacidad para organizar y analizar la información.
Los emocionales son aquellos que dirigen nuestra atención filtrando e interpretando lo que vemos.
Ambos componentes poseen un valor equivalente, resulta imposible entenderlos por separado. Una decisión racional y disciplinada, incluso en situaciones de alto estrés es el resultado de la combinación equilibrada entre corazón y razón. La razón pone las directrices al corazón y el corazón activa la razón.

Las emociones son una importante fuente de información, tanto es así, que sin el componente emocional no seríamos capaces de tomar decisión alguna, ni tan siquiera aquellas consideradas como de simplicidad extrema. Porque la persona que no sabe cómo se siente con respecto a las diversas alternativas que se le presentan, no puede decidir. Toda decisión se organiza en torno a hechos, alternativas y opciones. Los hechos son interpretaciones, las alternativas, sueños y las opciones, motivaciones. Tener bien definido el objetivo significa conocer nuestras metas pero no tanto el camino para llegar a ellas. Como en una partida de cartas vamos ajustando las acciones en función de lo que el azar nos trae, siempre siguiendo las reglas definidas en el juego y buscando el único final posible: ganar.

En los cinco pasos del proceso de toma de decisiones se entrelazan las emociones y las razones de manera inseparable. Definir la situación requiere no sólo del análisis pormenorizado de la misma, sino la interpretación del dónde estamos y del dónde queremos llegar. Las emociones nos permitirán abrir la mente para buscar de forma rápida y precisa alternativas nuevas, para valorar sus consecuencias y en la medida en la que nos sentimos capaces de llevarlas a cabo. Una vez tomada la decisión y elegida la mejor alternativa, deberemos responsabilizarnos de la decisión y ponerla en práctica. Además de preocuparnos por evaluar los resultados.

Las Tres R
Asumir las tres "R" de la toma de decisiones: Responsabilidad, Renuncia y Riesgo requiere control emocional, autonomía e iniciativa. Toda decisión supone renunciar a alguna de las alternativas posibles y en ocasiones incluso de manera irreversible, además de asumir el riesgo de exponerse dando un paso al frente y significándose, manifestando el plan maestro que guía nuestra práctica profesional, aceptando la responsabilidad de las consecuencias derivadas de la propia decisión. En las organizaciones hay permiso para equivocarse, pero no para no tomar decisiones.

La "miopía mental" de aquellos que consideran que su función es sumarse a la corriente, suponen una grave carga para una organización. Cada profesional es una pieza fundamental del plan estratégico, cada persona con su decisión cotidiana pone en práctica la estrategia, la visión, la misión y la cultura que hace posible conseguir los objetivos y hacen de la estrategia un proceso continuo, real y práctico. Por ello, nuestras decisiones profesionales deben ser disciplinadas basadas en información cierta y suficiente, tomándose siempre dentro de los parámetros determinados por la identidad corporativa.

La toma de decisiones laborales comienza en cada profesional, en la conciencia que tiene del mundo que te rodea y en la habilidad para descubrir aquello que es verdaderamente importante para él mismo, para su equipo, para su organización y sus clientes. Y finaliza en el logro de los resultados y objetivos profesionales y humanos.


Detrás de unos buenos resultados siempre hay una colección de decisiones oportunas y acertadas tomadas en el momento adecuado.





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